Aparecen dos extraños seres en Sierra Morena

El pasado mes de agosto llegaba hasta mi la noticia de otro posible caso ovni. Esta vez, en las tierras de Sierra Morena, en Huelva. Y hacia la localidad de Almonaster dirigí mis pasos, dispuesto a conocer los hechos. La noticia era escueta: una joven de la aldea llamada «La Escalada» se había visto sorprendida por dos extraños seres de gran altura y de no menos sorprendentes vestimentas. Encontré la citada aldea -habitada por medio centenar de vecinos- en uno de los parajes más agrestes y aislados de la sierra. La búsqueda de la misma, a pesar de encontrarse a seis kilómetros y medio de Almonaster, resultó harto difícil.

Por J.J. Benítez


Allí conocí a Ceferina Vargas Martín, una joven de 20 años, nacida en la aldea próxima de Calabazares y que -según las palabras de su madre, doña Engracia Martin Vicente- jamás ha salido de «La Escalada». A lo largo de la entrevista - que duró varias horas- pude percatarme que se trataba de una muchacha sencilla y sin demasiadas dotes imaginativas. Pero examinemos lo ocurrido en aquella tarde del pasado 3 de agosto, cuando la joven se dirigía, andando, por uno de los estrechos y recónditos senderos hacia la ya mencionada aldea de Calabazares, con el ánimo de ayudar a su abuela, doña Petronila Vicente Romero en la tarea de encalar la fachada dela casa. Ceferina Vargas tomó un pequeño bolso azul, en el que llevaba los objetos de su arreglo personal, documentación, etc., así como otro bolso más grande en el que depositó la ropa que pensaba colocarse para la limpieza.

Una fortísima luz
Y hacia las siete y media de la tarde emprendió el camino hacia Calabazares, situada a unos 15 ó 20 minutos de marcha. Pero, cuando apenas llevaba lo minuto de camino, la joven -que en aquellos momentos avanzaba junto a un arroyo y en mitad de una espléndida vegetación- se vio sorprendida por una fortisirna luz, procecente del lado derecho y, al parecer, del mismo cauce del arroyuelo.

En un primer momento -comentó la joven- creí que se trataba de algún cristal que podía reflejar la luz del Sol. Pero, a los pocos segundos descarté aquella idea...

- ¿Por Qué?
- La luz solar no llegaba ya al fondo de aquella estrecha garganta por la que yo caminaba. Además, la luz seguía llegando a mis ojos, a pesar de que yo habla avanzedo unos cuantos pasos más...

Ceferina Vargas presintió algo extraño, y se asustó. Y aceleró el paso, tratando de llegar cuanto antes hasta la aldea de su abuela.

- ¿Y cómo era aquella luz?
- Muy fuerte. Redonda. Como la de un espejo...

Empecé a marearme
A los pocos metros, la muchacha sintió alto extraño.

- Era como una pesadilla. Yo trataba de caminar y no podía. Intentaba correr, pero era imposible. Sentí escalofríos y un pánico atroz. Después empecé a marearme y no tuve más remedio que sentarme en una piedra. Me llevé las manos a los ojos tratando de recuperarme y a los pocos segundos -al levantar el rostro- vi a dos personas muy altas. Estaban frente a mi y a pocos pasos de donde yo me encontraba. Quedé paralizada por el miedo...

Aquellos dos seres -según las palabras de la muchacha- vestían unas extrañas túnicas. Y parecían hablar entre ellos, aunque no acerté a escuchar ni a comprender lo que decían.

- ... Movían los brazos al hablar -prosiguió Ceferina Vargas- pero quedé atónita al comprobár que no tenían labios. Sus bocas eran como una simple línea. Tampoco vi nariz. En su lugar mostraban dos pequeños orificios. El más alto -de unos dos metros- tenía un cabello rubio, casi blanco, y peinado atrás. Le llegaba hasta la cintura. Los ojos eran grandes y las cejas muy arqueadas.

- ¿Podía tratarse de una mujer?
- No podría precisar. Desde luego no observé que tuviera pecho. La túnica -de un color verde oscuro- le llegaba hasta el suelo.

- ¿Y el otro ser?
- Era algo más bajo, aunque quizás alcanzase 1,80 metros. El rostro era idéntico. Sólo el cabello -del mismo color- resultaba más corto. Su túnica era de otro color. Y parecía compuesta por dos piezas. La superior, que llegaba hasta por debajo de las rodillas, era como un rojizo oscuro. La pieza inferior, que también llegaba hasta el suelo, tenla unas franjas verticales y onduladas de unos 10 centímetros de anchura y de colores oscuro y verde pálido, alternativamente. Según las palabras de la testigo, aquellos dos seres conversaban y gesticulaban entre si, pero sin prestar mayor atención a la joven. Al cabo de algunos minutos -y también de forma inexplicable-, ambos desaparecieron.

- ¿Los vistes alejarse?
- No, no -insistió la muchacha-. ¡Desaparecieron!... Yo me levanté y eché a correr hacia mi casa. Pero, cuando me encontraba ya muy cerca de «La Escalada», tuve una corazonada. Y abrí el bolso. Miré detenidamente y observé que sólo me faltaba el documento nacional de identidad.

- ¿Estás segura de que lo llevabas?
- Si, completamente. Siempre que salgo fuera de casa lo meto en el bolso.


Denuncia a la Guardia Civil
Al llegar a su casa, Ceferina presentaba un intenso nerviosismo. Estaba pálida y aquella situación alarmó lógicamente a su madre.

- Mi hija -comentó doña Engracia- me contó lo mismo que le ha relatado a usted. Estaba muy alterada. Así que acudimos de inmediato al Cuartel de la Guardia Civil. Y en compañía de algunos guardias marchamos al sitio donde se habían producido los hechos. Allí, mi hija encontró también en el suelo dos billetes de los utilizados en el autobús que va de Almonaster a Cortegana. Ella no recuerda haberlos sacado del bolso...

Pero, ni la Guardia Civil ni la propia testigo encontraron huellas de aquellos dos enigmáticos seres. Según me explicó la madre de la joven, ésta pasó varios días con una gran inquietud. Dormía mal y sus ojos presentaban un enrojecimiento e irritación totalmente anormales.

- Durante algunos días -prosiguió la buena mujer- Ceferina perdió el apetito. Yo me alarmé y la llevé al médico. Le recetaron unos tranquilizantes y parece que ya está bien.

Pero uno de los detalles que más me sorprendió fue el largo espacio de tiempo transcurrido desde que la joven vio desaparecer a los dos seres, hasta que aquélla llegó a su casa, en la aldea.

Según testimonio de la madre, la muchacha entró en la casa hacia las nueve y cuarto de la noche. Los dos extraños seres desaparecieron de su vista poco más o menos hacia las ocho y veinte o y media de la tarde. Si el tiempo empleado en llegar hasta su domicilio pudo ser de unos 10 minutos, ¿qué había ocurrido en esos 30 ó 40 minutos «en blanco»?

Por supuesto, la joven no recuerda absolutamente nada más. Así me lo confirmó. En el supuesto de que todo el relato fuera cierto, no sería éste el primer caso en el que el testigo o los testigos «olvidan» una porción del tiempo transcurrido en el interior del objeto o en las inmediaciones de los «ocupantes» de uno de estos ovnis.

Y me viene a la memoria los ya conocidos casos del matrimonio norteamericano Hill o del muchacho que fue abordado por otros dos seres muy altos en la localidad de Benacazón o el mismo de tres vecinos de Santa Cruz de Tenerife, etc.

Todos ellos -según las posteriores investigaciones médicas-, fueron introducidos en una nave y sometidos a diversas experiencias y análisis. Esas personas, una vez devueltas a tierra, no recordaban absolutamente nada, aunque fueron conscientes de que una parte de su tiempo permanecía ‘en blanco’.

Es posible que en el caso de esta vecina de «La Escalada» haya sucedido algo similar. No lo sabremos, sin embargo, con absoluta certeza, hasta que la testigo se someta a una sesión de hipnosis, tratando así de recordar lo ocurrido en esos minutos ‘muertos’.

Y se produjo un hecho muy a favor de la testigo cuando ésta -ante mi sugerencia de que se sometiera a una sofronización- aceptó de forma incondicional.

Quizás entonces pueda averiguarse la absoluta verdad de lo ocurrido en aquella tarde, en lo más recóndito de la Sierra Morena.

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